«Armando Buscarini es el ángel custodio de mi vocación literaria», Juan Manuel de Prada (Orgullo. Poesía incompleta).  

«El joven príncipe de la más desdichada bohemia», Luis Antonio de Villena.
 

«El poeta más importante de La Rioja del siglo XX», Diego Marín A. (Diario La Rioja).
 

"Orgullo está llamado a ser uno de los libros más importantes publicados en La Rioja en los últimos años", Fernando Sáez Aldana, médico y escritor.
 

«No era Bécquer, pero era un poeta», José Romero Cuesta (Informaciones).
 

«Conozco gente infinitamente inferior al pobre Buscarini que gana dinero y palmas exhibiendo su idiotez desde los escenarios, donde la música de otro deficiente mental colabora al triunfo fácil que otorga un pobre público al que las gallinas le parecen un plato exquisito», César González-Ruano (Heraldo de Madrid).

«Buscarini fue el benjamín de aquella bohemia disparatada que en las nuevas generaciones no ha vuelto a repetirse. Víctima de un “emiliocarrerismo” mal digerido, y con tan enorme voluntad como pocas condiciones, Armando Buscarini era el poeta de la calle, el gorrión del Prado, el último luchador de lo imposible», César González-Ruano (Mi medio siglo se confiesa a medias).
 
 

«Muchos nombres podrían escribirse aquí, de Homero a Cervantes y de Cervantes a Buscarini», Pedro Luis de Gálvez.
 


«El verdadero trovador sablacista», Ramón Gómez de la Serna (La sagrada cripta de Pombo).

 


«Su vida fue siempre triste, mezquina, esperanzada, huérfana de todo», José Montero Alonso (La Libertad).

 


«Era el último bohemio, uno de los clásicos bohemios [...]. Poeta impresionista, franco, dulce, que consuela al desgraciado y alienta al vencido», Julio Atienza (El tango de moda).

 


«Buscarini sería un nuevo Chatterton, si no fuese por su sensualidad», Rafael Cansinos Assens (La novela de un literato).

 


«El poeta Armando Buscarini ha encontrado en su mundo interior suficiente manantial de melodías y de ritmos para concertarlos [...]. Si las estrofas tienen su música es porque en el poeta había música interior, encantamientos de ensueño y de éxtasis en la soledad», Andrés González-Blanco (Cancionero del arroyo).

 


«Sus poesías son hermosas y puras como esas señoritas cursis y tan adorables que nos hacen palidecer de amor», Alfonso Vidal y Planas (Mis memorias).

 


«Buscarini es bello y digno de toda loa, sin dudarlo ni un momento ni ponerlo en tela de juicio», Fernando Cermeño Soriano (Mis memorias).

 


«La poesía es en Armando Buscarini fruta silvestre», Alfonso Hernández Catá (Primavera sin sol).

 


«Buscarini impresionaba a los poetas», Francisco Guillén Salaya (Los que nacimos con el siglo).

 


«Con Pedro Luis de Gálvez, Alfonso Vidal y Planas y Armando Buscarini se acaba la bohemia histórica española», Víctor Fuentes (Poesía bohemia española).

 


«Buscarini es una especie de don Quijote que quiso imponer su verdad al mundo y chocó con demoledores molinos de viento, con la palabra materialista e interesada», José Belmonte Serrano (Juan Manuel de Prada: de héroes y tempestades).

 


«La poesía de Buscarini, triste y amarga, se caracteriza en el fondo por un romanticismo que expresa, con pocas notas de esperanza, todo el martirio que sufría en su desdichado paso por la vida», Allen W. Phillips (Treinta años de poesía y bohemia).

 


«Armando Buscarini, un niño-poeta, bohemio que llevó mala vida, escribió algo, murió joven y mantuvo la leyenda entre el elenco de golfemia de aquellos inicios del siglo XX», Javier Goñi (Pleamar).

 


«Su vida, tan estrafalaria como sufrida, merece figurar en nuestra memoria, como la muestra más fiel de aquella bohemia», José María Lánder (Noticias de La Rioja).

 


«Todo escritor nace con vocación de olvido, dice Prada. Pero en este caso Armando Buscarini constituye una misteriosa excepción, ya que habitar en las páginas de los buenos catálogos de libros de viejo es como vivir eternamente compartiendo vecinales sepulcros literarios», Javier Casis (Diario La Rioja).

 


«Ni debió nacer ni debió morir. Se consideraba inmortal y lo inmortal, ya que no tiene fin tampoco tiene principio», Alberto Escudero Ortuño (Por los caminos de Hipócrates).

 


«Buscarini nos subyuga porque, salvando todas las distancias, su alma es quijotesca. Nuestros miedos se ven reflejados en la sombra de su fracaso», Rubén Marín A. (Café Punto Radio).

 


«Armando Buscarini: poeta, independiente, tierno, fabuloso y no pocas veces fantástico», Miguel Ángel Gallardo (Barcarola).