En esta página podrás leer un poema de 'Las luces de la Virgen del Puerto', ver la portada original y la dedicatoria.

 

Dedicado a los ilustres dramaturgos Don Serafín y Joaquín Álvarez-Quintero. Testimonio de admiración.


PRÓLOGO

Con todo el espanto de mi corazón prematuramente envejecido quiero hacer algunas aclaraciones al público de Madrid que con tanta bondad me corresponde. Yo soy un escritor temperamentalmente romántico inadaptado al ambiente de mediocres que empestilece y denigra la vida española. Estoy sinceramente asqueado de la incomprensión de los directores de periódicos que me niegan sistemáticamente mis colaboraciones retribuidas; de los editores que no se dignan en editar mis libros. De los empresarios de los teatros que no quieren estrenar mis obras. Y de todos aquellos en general que me vienen maltratando y me niegan el pan y la gloria.

Dentro de cincuenta años, cuando vuestros hijos se acuerden de vosotros deben pensar que todos en alevosa complicidad asesinasteis mi corazón y mi inteligencia y si ellos son buenos y justos y se compadecen de mí junto al epitafio de mi tumba deben poner los nombres de todos los que me maltrataron.

Mis intentos de suicidio son un testimonio de la indiferencia que todos muestran a la desesperación el hombre que lucha y la prueba más clara de la falta de humanidad hacia el prójimo y el despego de mis semejantes.

Durante seis días he permanecido en la antesala de un manicomio por reincidir en mi propósito de quitarme la vida y he tenido puesta la camisa de fuerza por haberme revelado contra los visitantes de aquel departamento, alegando mis razones de justicia. Las únicas personas justas y con un impulso de equidad son mi ilustres protectores Don Serafín y Don Joaquín Álvarez Quintero y el ilustre escritor cubano Alfonso Hernández Catá y al director de Prensa Gráfica, Don Franscico Verdugo y el ilustre psiquiatra Don César Juarros y el inteligente impresor Don Enrique Sicilia; y D.Felipe Sicilia y D.Vicente Cabanes y Don Antonio Flórez Estrada y D.Juan Martínez Higuera.
 

 

EL BARRIO DE LA VIRGEN DEL PUERTO

Este aduar vergonzoso de la Virgen del Puerto
de espaldas al palacio y a los parias abierto,
como es tan miserable enjuga sus pesares
en las escasas aguas del turbio Manzanares...

La escoba de los ricos le dio viva basura
que bajo cobertizos, anémica ternura
pone en el abandono del invierno fatal;
y cuando en el ocaso empalidece el lampo
de la tarde, ellos lloran y en la Casa de Campo
se oye tronar el rifle del cazador real.

¡Aduar caritativo de la Virgen del Puerto!
¡Aduar con corazón a los pobres abierto!
¡Virgen para las víctimas de funesto destino!
¡Puerto para los náufragos que no encuentran camino!
 

 


CONTRAPORTADA

Esta novela piadosa y dolorida está escriba con todo mi corazón para todos los niños buenos y andrajosos que la sociedad llama golfos.

Para todos vosotros, mis hermanos de carne y hueso, los tristes amigos de la noche, los únicos que sabéis comprenderme, más cartiativo y más inteligentes que los señoritos del "cabaret".